Colocación
Dónde colocar un código QR dentro de un negocio
Casi todos los códigos que no se escanean están técnicamente perfectos. Lo que falla es que están donde había hueco, no donde la gente mira.
Coloca el código en el momento, no en el espacio
La pregunta útil no es «dónde me cabe» sino «en qué momento de la visita tiene sentido esta acción». Cada acción tiene su momento y ese momento ocurre en un punto físico concreto del local.
El wifi se pide al sentarse, así que su sitio es la mesa. La carta se consulta en los primeros dos minutos, así que también la mesa. La reseña se escribe al final, así que su sitio es el mostrador de cobro. El catálogo se mira mientras se espera, así que su sitio es la sala de espera.
Poner el código de reseñas en la entrada o el del wifi en el mostrador es colocarlos en el momento equivocado, y ningún tamaño ni ningún diseño arregla eso.
La altura correcta
La franja que funciona está entre el pecho y los ojos de una persona de pie: aproximadamente entre 90 y 150 cm del suelo. Ahí el cliente puede escanear sin agacharse, sin estirarse y sin sacar el código de su campo de visión natural.
Cuando el cliente está sentado
En un restaurante, una peluquería o una sala de espera, la altura de los ojos baja a unos 110–120 cm. Un cartel pensado para gente de pie queda demasiado alto para gente sentada. Si el local tiene las dos situaciones, el sitio bueno es el más bajo de los dos.
Los cuatro enemigos físicos
Un código que escanea en tu mano puede dejar de escanear en la pared por razones puramente físicas. Estas cuatro explican casi todos los casos:
- El reflejo. Un foco del techo sobre una superficie brillante deja una mancha blanca justo encima del código. Se detecta poniéndote donde el cliente y mirando el cartel a la hora en que están todas las luces encendidas. Se arregla inclinando el cartel hacia atrás o cambiando a un acabado mate.
- La obstrucción. El expositor de caramelos, el datáfono, una planta, el brazo de la persona que cobra. Lo que ves al montar el local no es lo que hay a las siete de la tarde. Compruébalo con el local lleno.
- La distancia real. Un mostrador ancho puede dejar al cliente a un metro del cartel aunque parezca que está al lado. Mide desde donde está el cliente y ajusta el tamaño según la regla de la décima parte.
- La suciedad y el desgaste. Un cartel a la altura de las manos se llena de huellas en semanas. Si va en una zona de contacto, tiene que ir protegido: eso son los materiales.
Sitios que funcionan según el tipo de negocio
Bar y restaurante
- Carta y wifi: en la mesa, en un soporte de doble cara para que se lea desde los dos lados.
- Reseñas: en la bandeja donde se lleva la cuenta, que es literalmente el momento en que el cliente valora la visita.
- Pedidos o reservas: en la puerta y en el escaparate, para las horas en que está cerrado.
Peluquería, barbería y uñas
- Reseñas: en el espejo del puesto, a la altura de la persona sentada, o en el mostrador mientras se cobra.
- Reservas: en la puerta de entrada, para quien pasa y ve lleno.
- Redes sociales o catálogo de trabajos: en la zona de espera, que es donde hay tiempo muerto.
Comercio y tienda de barrio
- Catálogo o tienda online: junto a la estantería del producto, no en la entrada.
- Reseñas: al lado del datáfono.
- Horarios y contacto: en el escaparate, siempre.
Profesional que va al domicilio del cliente
- Contacto y reseñas: en la tarjeta que dejas al terminar y en el lateral del vehículo.
- En un vehículo, el código se lee con el vehículo detenido y desde la acera: eso son varios metros, así que hace falta un código grande de verdad, entre 40 y 50 cm.
El escaparate es el turno de noche
Un código en el escaparate trabaja las horas en que el negocio está cerrado, que suelen ser más que las horas en que está abierto. Es probablemente el sitio con mejor relación entre esfuerzo y resultado de toda esta lista.
Dos condiciones para que sirva. Primero, que lleve a algo que se pueda hacer con el local cerrado: reservar, ver horarios, escribir por WhatsApp. Un enlace a una carta cuando no puedes entrar es una frustración. Segundo, que esté pegado por dentro del cristal mirando hacia fuera y a la altura correcta, y que el material aguante el sol.
Ojo con la luz: un cristal reflejando la calle de día puede tapar el código por completo. Compruébalo desde la acera, de día y de noche.
Un código por acción, y pocos
La tentación de poner cinco códigos juntos —wifi, carta, reseñas, Instagram, catálogo— es fuerte y es un error. Ante cinco cuadrados iguales la reacción normal es no escanear ninguno.
La regla que funciona: un código visible por cada momento de la visita. En la mesa, el de la carta. En el mostrador, el de reseñas. Y si hay dos en el mismo sitio, que estén claramente separados y con un texto que diga qué hace cada uno.
Revisa el sitio una vez al mes
Los carteles se mueven. Alguien lo aparta para limpiar, llega un expositor nuevo, cambia la distribución en Navidad. Un repaso de dos minutos al mes —está donde debe, se ve, no hay nada delante, sigue limpio, sigue escaneando— evita meses de un cartel que no sirve para nada sin que nadie se dé cuenta.
Lista de comprobación de colocación
- Cada código está en el punto del local donde tiene sentido su acción.
- La altura está entre 90 y 150 cm, o más baja si el cliente está sentado.
- Me he puesto donde está el cliente y he mirado el cartel desde ahí.
- No hay reflejo de las luces del techo sobre el código.
- No hay nada delante con el local lleno, a la hora punta.
- El tamaño corresponde a la distancia real medida.
- Si está en zona de manos, el cartel va protegido.
- El del escaparate lleva a algo que se puede hacer con el local cerrado.
- No hay más de un código compitiendo en el mismo punto.
- Tengo una revisión mensual apuntada para comprobar que sigue en su sitio.